jueves, 24 de enero de 2019

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       El ser humano es un ser tanto intelectual como sentimental. Nuestros pensamientos muchas veces se ven materializados en nuestras obras o manifiestos en nuestras palabras. Y pueden llevar un poco o mucho de nuestros sentimientos, según las circunstancias, nuestros principios y nuestro temperamento. Y así como la conformación de nuestro cuerpo es la misma aunque varíe nuestro sexo, altura, color de piel, etc., todos sentimos tristeza, enojo y alegría, aunque nuestra forma de percibirlos y manifestarlos sea distinta.

La tristeza la manifestamos comúnmente con lágrimas; el enojo es generalmente notorio por los gritos; la paz se ve en la tranquilidad de los movimientos y la voz baja … ¿y la alegría? … Entre tantas formas de manifestar la alegría hay una muy especial, que es la música. Todos sonreimos, reimos, festejamos y hasta bailamos, pero ¿cuántos cantamos o tocamos un instrumento musical?  

No sé exactamente la fecha del nacimiento del término “stress”, pero calculo que fue alrededor de los ´70. Ya que se ha hablado hasta la saciedad de él, voy a saltarme esa parte y pasar a la siguiente. La vida demanda esfuerzo, responsabilidad, cumplimiento, pero si aún nos encontramos dentro de esas letras: “vida”, no debemos permitir que las actividades y obligaciones se roben nuestra alegría de vivir.  Lo correcto es dirigir las acciones hacia el río de la vida, y no permitir que el estrés seque el río.  Es por ello que es bueno ocuparnos en cosas que nos agradan. Y si por cosas del destino y de fuerza mayor tenemos que hacer cosas que no aparecen en nuestra lista, entonces debemos enfocar nuestros pensamientos hacia la línea del fin por el cual trabajamos: servir a otros, proteger a otros, proveerle a otros, y encontrar en ello la razón de nuestro existir y la felicidad de ser útiles para proporcionarle a otros la felicidad que nosotros tenemos, o anhelamos y conseguiremos, caminando hacia ella.  Sólo amándonos a nosotros mismos, creyendo en lo que somos y en lo que queremos ser, y dándole gracias a Dios por todo (poco o mucho a tus ojos) lo que la vida nos ha brindado lograremos valorar cada instante de nuestra existencia y tener una razón para cantar, y hasta componer una nueva canción cada día. 

Si nos abrimos a ver a nuestro alrededor, en lugar de estar encerrados en nuestros pensamientos, provocados por el estrés de la vida (preocupaciones y ocupaciones), vamos a darnos cuenta de que la vida nos carga y no necesita que nosotros la carguemos a ella, porque no podemos. Lo único que demanda de nosotros es que hagamos nuestra parte: que seamos fieles en lo que nos ha sido encomendado y que nos activemos en cualquier área productiva para ser parte de su río, llevando frescura, vitalidad y vida a dondequiera que vayamos, y por dondequiera que pasemos.

      Yo te animo a ver todo lo que tenés, a alegrarte por ello, a ilusionarte y entusiasmarte por todo lo que podés lograr, y a vivir cantando. Te recomiendo escoger entre tanta música bella que exalta los valores y canta acerca de todas las cosas buenas que hay en la vida: la amistad, el perdón, la fe, la fortaleza, la perseverancia, la inteligencia, la integridad, los sentidos, los placeres, las oportunidades, la estima, la comprensión, la fidelidad, la paz, la alegría, el amor, …

      Es un descanso vivir al ritmo de la música, en lugar de vivir al ritmo de las exigencias de la sociedad. Conectados a nuestro propio corazón vamos a lograr hacer más y mejores cosas, y vamos a tener más creatividad y sabiduría para afrontar dificultades, resolver problemas y tener misericordia de las personas que gritan porque no cantan.

      Claro que hay cosas que demandan nuestra mente y no podemos estar cantando mientras cumplimos con nuestro deber, pero poco a poco la música será parte de nuestra vida, como los ojos y los oídos de nuestro cuerpo. No nos estorbará, sino que nos hará falta. Mientras algunos que realizan actividades más físicas que intelectuales cantan, los que tienen esa otra responsabilidad pueden disfrutar tener la música de fondo y alegrarse con los que sí pueden cantar mientras trabajan.
      Verás que llegará el momento en el que la música que camina contigo entrará por tus sentidos sin molestarte. Te darás cuenta de que siempre estuvo a tu lado, pero no lo habías notado. Era la alegría que llevabas dentro de ti. La alegría de ser útil, la alegría de servir, la alegría de utilizar tus dones, de desarrollar tus habilidades y de dirigir tu vida como una parte de un todo.
      Escojé la música con la cual te identificás. Si te sentís deprimido no pongás música melancólica, sino música que te consuele o alegre; si te sentís molesto poné música que te baje los sumos; si te sentís alegre poné la música que expresa tu sentimiento; si estás cansado poné música que te relaje o anime. ¡Empezá a sumergirte en ese bello mundo de los sonidos que expresan tantas cosas buenas y volvelos tuyos hasta hacer tus propias canciones,  escribir tus propias letras y llevar en ti tu propia música!

      Si no estás acostumbrado a la música, comenzá buscando la que te gusta. Escuchá la letra, poné atención a los diferentes ritmos, encontrá los instrumentos que conforman la sinfonía, la orquesta o el grupo, y adentrate en ello, haciéndolo parte de tu mundo y de tu vida.

      La música no es para llorar, ni para manifestar ira ni odio. Si estamos tristes, lloremos. Es bueno y sano. Libera, consuela, nos hace humanos. El que no lo hace se endurece, se amarga, muere dentro de su cuerpo.
      Si estamos enojados, encontremos la razón y busquemos soluciones al problema. Si hay que confrontar a alguien, hagámoslo con sabiduría y verdad, buscando la justicia.
      La música debe ser un canal para encontrar la felicidad o manifestarla. La música debe ser nuestra expresión de fe y de victoria. Usá la música y el canto para vencer tus sentimientos de tristeza y enojo cuando no valen la pena ni se apegan a la realidad.
       A veces estamos malacostumbrados a ser demasiado severos con las circunstancias y hasta con nosotros mismos. Debemos aprender a ser más sencillos y a dejar pasar lo que no nos corresponde cambiar. Cantar contribuye a soltar cargas que no debemos hacer nuestras y a dirigir nuestros pensamientos a cosas que sí valen la pena y merecen nuestra atención y nuestros sentimientos.

      ¡Vivamos la vida en orden, en paz, en justicia y en verdad, y alegrémonos por el privilegio de existir! La misma música nos ayudará a aprender a convivir con los demás seres humanos en armonía.

      Y si te atrevés, aprendé a tocar algún instrumento que te guste. Oir música es lindísimo, pero cuando tú la hacés sonar estás permitiendo que tu corazón se acerque aun más a ella. Como dijimos, la música camina a nuestro lado, pero cuando tú la tocás, la música y tú son prácticamente uno.

      De ahora en adelante, ¡qué la paz sea la nota más dulce que el cielo toca para nosotros, y qué la alegría de existir tenga siempre una melodía o una canción para acompañar nuestras actividades, hasta que podamos notar que la canción más bella que Dios ha hecho somos nosotros mismos! 


"La recompensa de hacer algo bien hecho es haberlo hecho."
                                                                                    Ralph Waldo Emerson





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Música recomendada:

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Trumpet in Hymns, Fernando Lopez (Trompeta y orquesta)
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